Disciplina

¿Qué es la disciplina? Una forma específica entre derechos y deberes, una forma de “solidaridad” moral con uno mismo.

Es acto de la voluntad y asume un carácter moral. Hay una “solidaridad natural”, la de los lobos y, hay una “solidaridad moral”, a la cual deben conformarse las relaciones entre hombres y entre naciones. La solidaridad existe en el mundo animal, en sus relaciones físicas y biológicas. Pero en el mundo de lo humano, la solidaridad es un reflejo de la voluntad y, por ello, decimos que es “moral”.

No es solo solidaridad de hecho, sino que es también, solidaridad de deber.

Para tener un carácter de justicia, debe haber una disciplina con el deber de solidaridad. La justicia es una forma específica de interdependencia entre derechos y deberes, una forma de solidaridad moral. Si una nación quiere ser justa, es necesario, ante todo, que a cada nación le sea dado lo suyo, debe ser guiada por el principio de la cooperación, según la solidaridad moral. La justicia proporciona un criterio que da primacía moral a las ideas que surgen en torno a la solidaridad, da un equilibrio ético entre los derechos y deberes en el mutuo respeto de los derechos. Un orden moral es el fin de la solidaridad natural.

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Sólo por tí

Reflexión sobre el Evangelio

“El que tenga oídos para oír, que oiga” o “que interprete”. Esta sentencia nos permite abordar de una manera profunda la primera parte del texto de hoy. Digo profunda porque precisamente el texto nos habla de profundidad. Acostumbramos a esconder, defender, incluso por ley, nuestra privacidad, es decir aquello que ocurre en nuestro fuero más interno: la conciencia. Estamos todos de acuerdo en que la conciencia alberga una luz, que algunos identifican como el sagrario de Dios. Ahí Dios habla tanto al creyente como al no creyente porque es una morada en la que Dios-Luz se hace presente a la persona humana. Para el bautizado la conciencia se encuentra mediatizada por el sacramento que hace la vida espiritual, intelectual, psíquica y moral post-bautismal, oculta y experimentada, quizás sólo por ti, esté llamada a salir a la luz exterior de tal manera que pueda estar en el candelero de la vida cotidiana. Desde el candelero se revelarán todos los secretos espirituales y místicos que ha realizado Dios en nuestro fuero interno. Así el Bonum est diffusivum sui se convierte en Lux est diffusivum sui.

San Pablo a Timoteo 1, 1-8

Y. F. Sacerdote