Qué es la Guardia de Honor?

“EL ALMA RELIGIOSA, SERÁ EL LIENZO EN EL CUAL YO IMPRIMIRÉ A MEDIDA DE SU APLICACIÓN, MIS DIVINOS RASGOS”. Jesús a Santa Margarita María de Alacoque.

“El fuego quema; así un alma llena de amor de Dios, quema sin saberlo”.

La Guardia de Honor del Sagrado Corazón de Jesús (Hora de Presencia al Corazón de Jesús) es una Asociación Pública Universal de Fieles, erigida por la Sede Apostólica. Nacida el 13 de marzo de 1863 en el monasterio de la Visitación de Santa María de Bourg en Bresse (Francia).

Su fundadora y promotora fue Sor María del Sagrado Corazón Bernaud que, inspirada por el lamento del Señor: “Busqué quien me consolará y no lo hallé”, reunió a un grupo de personas que por turnos de hora se entregaran al amor y reparación del Corazón de Jesús.

“Todo alma religiosa es un santuario del Sagrado Corazón de Jesús; porque la profesión religiosa es una consagración; pero esto no basta: es menester que el amor renueve esta consagración cada día, cada momento, cada segundo…”

“En un segundo puede producirse un pensamiento de amor que dure toda la eternidad…”

“La Guardia de Honor tiene su punto de partida en el Calvario; su base en la Herida del Corazón de Jesús; sus modelos en los primeros “guardias de honor” que rodeaban la Cruz solitaria cuando ese Corazón fue abierto por la lanza, la Santísima Virgen María, San Juan Evangelista y Santa María Magdalena”.

Personas que pueden formar parte de la Guardia de Honor

Todas y cada una de las personas que deseen entrar, conocer y profundizar en el amor para llegar a un mayor conocimiento del Misterio de la Redención de Jesucristo. Así, entender el valor infinito de la Cruz para nuestra salvación y, en plena razón de nuestro ser, amarle, honrarle y glorificarle, ahora y en la eternidad.

En esta labor pueden empezar desde los niños, hasta los más adentrados en la religión. Desde los que no pueden creer pero lo desean, hasta los mayores convencidos de la fe. Porque no se trata de una devoción más, sino del Centro mismo de nuestra unión con Dios que se lleva a cabo por mediación de Jesucristo. Quién, al ofrecer su vida la ganó para todos aquellos que le amarán, honrarán y glorificarán por toda la eternidad. Es el misterio de la filiación del hombre con Dios que no cesa de ser anunciado por Su Palabra a las almas escogidas, como fue Santa Margarita María de Alacoque, para que todos se salven y vivan para siempre.

El amor de Dios no es un Don que se gane por méritos, ni por esfuerzos humanos. El Don es mayor que la criatura y lo que es menor no puede abarcar aquello que lo trasciende y lo puede conocer antes, durante y después de su vida. Por ello, el sentido de amar a Dios no se razona, se pide. No es algo que el hombre conozca y domine, que se forme como “experto” en ello, que pueda permanecer en un estado de amor con sólo sus propias fuerzas. La Comunidad de religiosas salesas, de oración contemplativa, apoya esta labor y eleva nuestras fuerzas para que la oración que hace cada alma sea escuchada en comunión de todos los santos, como dice nuestro Credo. Esa es la misión que justifica una asociación religiosa, la de unirse en la oración e interceder por todos aquellos que están o que piden la gracia necesaria.

Al amar a Dios, nos comprometemos a amar a los hermanos como a nosotros mismos, porque el amor de Dios es divino y estamos en un camino de superación, donde aprendemos a ver lo que nos separa de Dios como un reto que debemos superar. Así, perdonar y amar son el “pie derecho” y el “pie izquierdo” de nuestro caminar. Quien tenga algo contra su “hermano”, que se vuelva y se convierta. Quien juzga a otro como si él algo supiera, que se convierta de nuevo. Que vuelva a ser “como un niño” que se sabe necesitado y no desprecia aquello que desconoce. Si Dios fue esclavo y preso de ciegos, se dejó injuriar y murió siendo manso, dejándose en la Voluntad del Padre, no fue por razonamientos humanos; no fue un fracasado en el juicio injusto del que no supo defenderse. Fue esclavo por Su grandeza de Alma, por Salvar toda una humanidad y abrazarla en un Amor que podremos alcanzar un día, ya comenzado en este mundo, y pleno en la nueva Vida. No es algo que pudiéramos entender ni conseguir por nuestro entendimiento ciego, hemos necesitado de la Luz que ilumina todo con nueva esperanza. El hombre vive en oscuridad mientras no se acerca a ésta Luz que mana del Costado abierto por la lanza. Es el misterio que hay que contemplar hasta que se desvelen sus secretos. Hay que insistir, llamar, abrir nuestro corazón y esperar.

¿No es un camino suficientemente seguro para llegar a nuestra plenitud? Si es fácil, no será por nuestros méritos, sino por los de Su Muerte. ¡Amemos al Amor que nos salva y que tiene el poder de darnos a beber de Su Costado abierto como medicina para llegar sanos al seno del Padre! 

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