¿Puedo conocer a Dios?

“Dios es amor, el que ama conoce a Dios…” (1 Jn 4,7)

La obra de la creación que lleva a cabo Dios es una obra de amor.

Dios crea al hombre por amor, dentro de un amplio y profundo proyecto de amor. Este proyecto de amor, esta obra divina, es profundamente significativa e interesante. Pero el hombre no ha hecho suya la mirada del amor, sino que vive sumido en su soledad, perdido en su sombra, lleno de miedos.

Hay un lugar para tí en el Corazón de Dios que está lleno de sentimientos y mociones que van a despertar tu inteligencia y alegría de vivir.

“Os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo; os arrancaré el corazón de piedra y os daré un corazón de carne” (Ez. 36, 26).

¿Cómo viene Dios a mi corazón? Así como yo haya preparado mi corazón… Con tantas ganas como le haya llamado, le haya puesto un sitio en mi casa, lo haya anunciado a mis amigos y familia. ¡Nadie se presenta en casa de otro sin ser invitado! Preparar el corazón puede hacerse con una promesa, con ayuno un día a la semana, con una obra de caridad, con una Novena a la Ssma Virgen,.. el corazón se alegra cuando hace oración.

Cuando imitamos a Cristo nos ponemos una sombra de bondad y la seguimos… Así, nuestros pasos van tropezando con las cosas, porque la sombra no nos deja ver dónde hay que poner los pies. Pero, aún así, pensamos que somos buenos, porque esa sombra nos cubre la cabeza.

Esta es una imagen del hombre que busca agradar a Dios y hace las cosas esforzándose, sufriendo y con un coste más o menos elevado de abandonar la alegría verdadera.

En cambio, el rostro de Dios es el de un Niño, el de un Pobre, el de un Hermano,.. Nace un día en mi corazón para enseñarme a ver, para conducirme al Ser verdadero de Dios, para indicarme un Camino. Jesús vino a nacer en una noche, en la nuestra, con muy pocos recursos, pero pleno de alegría. Él es la Fuente de Luz y es el calor que necesitamos cuando nuestra vida “se congela”, cuando nos paralizamos por las preocupaciones. Así, cuando oramos, las velas encendidas representan nuestras almas en espera, en la noche oscura de Dios que, guardados por las estrellas, no nos abandona nunca. _Aprender a amar, ése es el tema central de la vida de quien quiere conocer a Dios.

“Habiendo amado a los suyos… los amó hasta el extremo”. (Jn. 13, 1)