Lo perecedero y lo infinito

Elige la vida, para que viváis tú y tu descendencia, amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz, adhiriéndote a él, pues él es tu vida y tus muchos años en la tierra que juró dar a tus padres, Abrahán, Isaac y Jacob. (Dt. 30, 20)

Elegimos según pensamos, a veces nuestra voluntad  se nos impone. El tiempo nos pesa, nos amenaza con aniquilar unos sueños fundados en algo perecedero. Hablar de tiempo es hablar de efectos; una supersticiosa ética del pensante. Una condición indigente, una incapacidad de elevarse sobre sí mismo más que por una mera apariencia. El adolecer de esa superstición explica el tiempo por la eficacia o ineficacia de una vida, si no las habilidades aparentes de su yo pensador. Buscar técnicas que les informen si lo pensado tiene derecho a ser infinito o no, donde se dirige todo con derecho propio.

Un elemento que gustaban los romanos para representar en sus templos y fue recuperado por la primitiva Iglesia en algunos mausoleos. Las uvas, el vino, la copa, simbolizan el reino de Baco, dios romano de la alegría, para el cristiano también simboliza los dones de la gracia. No es una alegría del mundo ; Baco era un dios que habitaba en el Olimpo. Por tanto representa la alegría que se obtiene por la gracia y que recibiremos el dia de la resurrección, en la Vida eterna.

La alegría es signo de salud física y espiritual

El símbolo es el lenguaje que han utilizado los profetas para hacerse entender en todas las generaciones y culturas. Es un lenguaje universal que Dios mismo usó en los pasajes del Antiguo Testamento; la serpiente de la vara de Moisés que libró de las mordeduras mortales en el desierto; la escalera de Jacob que en sueños vio abrirse el Cielo,.. Jesucristo en las parábolas siguió este mismo recurso para llevar sus enseñanzas a los pescadores, sus Apóstoles y fundadores de la Iglesia. Nadie puede ignorar un símbolo sin correr peligro su vida: una calavera simboliza la muerte; una flecha, la dirección a seguir; un color, la temperatura de un objeto; la vid, el Mismo Jesús: “Yo Soy la Vid y vosotros los sarmientos” (Jn 15, 5).

De esta forma, la humanidad ha pensado sobre las capacidades del alma en un lenguaje natural, lleno de notas recogidas de su entorno, de aquello que entendían. En Grecia, el lenguaje hacía referencia al cielo, el Olimpo, y sus dioses disputaban con los hombres los atributos de unos y de otros. Los dioses amaban tanto la tierra que vivían entre los hombres y se enamoraban. Los hombres buscaban el favor de los dioses para vencer en sus dificultades. Nunca el cielo estuvo tan cerca de ser conquistado!

Se dice que, de Tebas era oriundo Baco, hijo de Ceus y de Sémele, nieto de Cadmo; el dios de la fecundidad, el creador de la vid, según se narra en la mitología griega. Baco (o Dionisos), el creador de la vid, fue educado en la India y abandonó a las ninfas y el entorno que le cuidaba para recorrer la tierra e instruir a los hombres en el arte de elaborar el vino que alegra el corazón y fundar el culto a su divinidad… 

El estado del alma, es la “taza” donde se recibe la medida de gracia que da Jesucristo. El alma es el cielo en la tierra, es la conquista que tenemos para comunicarnos con Dios. Esta comunicación no es inmediata, requiere de la conversión (volverse a) diaria. En una conversación, se escucha y se habla; el alma se entrega a Dios y Dios se comunica al alma… Esto no es posible si el alma no vive de la oración

Amamos a Jesús y vivimos cerca de Él cuando depositamos nuestra confianza en Su Palabra, así nos vemos arropados por Su consuelo. Sabemos que nos ama y de ello dan testimonio sus mártires cuando se entregaron sin pensar más, sólo que ‘Él lo hizo el primero’.

Es de Él de donde emana la Fuente de la vida, es a su luz como nosotros vemos la Luz. Dicen los santos Padres: “El ojo contempla lo que le presenta. Si embargo, el intelecto penetra lo invisible. El intelecto amante de Jesús es la luz del alma”. (S. Antonio el Grande). Conocer a Jesús nos lleva a admirarle, a seguirle y amarle. Para ello hay que buscar su rostro y grabarlo en nuestra mente y en el corazón, Él hará el resto.

  • Lucas 10, 30-36: ¿Dónde encontrarnos a Jesús?

_“Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto…

_Al oír esta narración nos vemos ocupando un lugar dentro de la historia, aunque recordemos la Parábola de Jesús sentimos que podíamos ocupar el lugar del hombre asaltado y vernos malheridos y abandonados y, si seguimos leyendo…

“Casualmente bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él y, al verle, tuvo compasión; y, acercándose, viendo sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y, montándole sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: “Cuida de él y, si gasta algo más, te lo pagaré cuando vuelva”.

_Aquí ya hemos formado una opinión en base a los sentimientos que se nos han creado en el transcurso de la narración. Desde luego, no nos deja indiferentes. Pero es una situación que hoy en día ocurre a diario. Prestar nuestro apoyo a un desvalido nos implica en su vida y en su problema, incluso nos lleva a dudar de si su necesidad es buscada por el tipo de vida que haya llevado, por la poca previsión, es decir; hacemos juicio muchas veces de las personas que necesitan nuestra ayuda.

Los samaritanos eran una población que provenía de la unión de los colonizadores asirios y las mujeres israelitas que no fueron deportadas a Asiria después de la destrucción del reino del norte (271 a. C.) Al volver del destierro de Babilonia (537 a. C.) los judíos los excluyeron del “pueblo elegido” y no les permitieron tomar parte de la reconstrucción del templo debido a su origen impuro y su observancia poco estricta de la religión judía. Había un antagonismo entre el templo judío de Jerusalén y el centro de culto samaritano del Garizín. (J. A. Pagola; Jesús, aproximación histórica).

Mirar el Rostro de Jesús es pensar lo que Él haría en las circunstancias de nuestra vida. ¿Cómo era el Rostro que miró a Pedro y le pregunto que si le amaba?¿Cómo recordaría su Mirada María Magdalena cuando fue a buscarle al Sepulcro? ¿Qué recuerdos guardó María, su Madre, de Él? Cuando sonreía, cuando explicaba las Parábolas, cuando se despedía y se iba con sus apóstoles. ¿Porqué le seguían tantas personas? Y,.. ¿Por qué no le miraron a los ojos cuando, sangrando, le torturaban? …

  • “Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis.” Jn 6, 36.

La Mirada al Rostro de Jesús nos puede aclarar el entendimiento a las cosas del espíritu de Dios. Así como la vista nos seduce a las cosas de este mundo, la Mirada se educa con la Voluntad. La vista aprende por estímulos físicos, en cambio, la Mirada depende del ojo del espíritu que nos guía. Pero la primera se sirve de la segunda como el caminar del camino para avanzar.

Pero no todos los ojos son iguales y Dios Padre puso los suyos en su Hijo y Su Mirada es Sabiduría.

El Salmo 32: 8Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar: sobre ti fijaré mis ojos”.

El salmo 33: “Desde los cielos miró Yahvé vio a todos los hijos de los hombres: Desde la morada de su asiento miró sobre todos los moradores de la tierra…

He aquí, el ojo de Jehová sobre los que le temen, sobre los que esperan en su misericordia;”

Así dice Jesús a los que le escuchaban al “otro lado del mar de Galilea” (de Tiberias).

  • “Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en el, tenga vida eterna: y yo le resucitaré en el día postrero”.

“Murmuraban entonces de él los judíos”, dice Juan en su Evangelio, “porque había dicho: Yo soy el pan que descendí del cielo”.

Pero, ¿cómo? _¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? Decían los que le escuchaban.

Los judíos se referían siempre a Jesús por lo que habían “visto” con los ojos y no entendían lo que decía porque no veían las cosas del Espíritu. Esperaban que sus ojos “reconocerían” al Hijo de Dios con la sabiduría del hombre. El que se guía por la visión de sus ojos siempre se engaña porque, si esta visión del ojo físico fuera certera, cuando dos o más personas observan una cosa coincidirían al describir sus cualidades y, por experiencia, sabemos que no es así. Cada hombre ve elementos distintos en un mismo paisaje, en un mismo rostro, aunque coincida en muchas de sus formas. Y, ¿cómo dejarnos guiar por la Mirada?¿cómo reconocerla?

La fuente del conocimiento está en nuestro interior y, es allí donde la fuente divina fue depositada, no desde las facultades naturales del hombre, sino por la potencia vital que es el mismo Espíritu Santo que se nos da desde el momento del bautismo. Este Espíritu dio la Sabiduría a los santos Padres que, junto con una vida sobria, la vigilancia en todo, la custodia del intelecto y la oración continua, nos dejaron escrito todo sobre su experiencia de cómo encontrar la gracia. 

Todo esto consiste en orar ininterrumpidamente a nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios, en lo profundo de nuestro corazón. Así, decía el Aba Antonio el Grande que el hombre razonable es el que mira lo que es bueno para su alma y no para su cuerpo.

“El alma verdaderamente razonable y amante de Dios reconoce enseguida todo lo que hay en la vida. Hace propicio a Dios con amor y a Él da gracias con verdad, porque es hacia Él que se proyecta todo su esfuerzo y toda su capacidad reflexiva”.

Pero, ¿puede el alma descubrirse en la mirada? Según dice el Aba Antonio, ocuparse del amor a Dios transforma al hombre

“el intelecto, ocupado por el amor de Dios es un custodio sobrio, que obstaculiza el acceso a los malos y turbios pensamientos”.

¿Manifestar amor a Dios interrumpidamente puede impedir el paso de la malicia o del engaño? Decía Antonio el Grande:

“El intelecto ocupado por el amor a Dios es la luz que ilumina el alma, como el sol ilumina el cuerpo”. 

El camino que recorre el alma mientras hace oración es el del amor, no hay otro camino que nos ayude mejor a entender el Misterio del que nos hablaba Jesús cuando predicaba en la montaña de Galilea:

  • 44“Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere;..”.
  • 45”Y serán todos enseñados de Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió, viene a mí”.
  • 46”… aquel que vino de Dios, éste ha visto al Padre”.
  • 47” El que cree en mí, tiene vida eterna”.
  • 48”Yo soy el pan de vida”.
  • 56”El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él”. 

Y S. Pablo en Éfeso daba hablaba a los griegos y explicaba que el misterio está en la naturaleza divina del cuerpo de Jesús que, muriendo, se transformó en alimento espiritual para darnos la vida espiritual, su vida, que nos hacía hijos de Dios. Así, la vida en Cristo es el camino de la resurrección:

 36“… lo que tu siembras no se vivifica, si no muriere antes.

37Y lo que siembras, no siembras el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, acaso de trigo, o de otro grano:

38Mas Dios le da el cuerpo como quiso, y a cada simiente su propio cuerpo.

39Toda carne no es la misma carne; más una carne ciertamente es la de los hombres, y otra carne la de los animales, y otra la de los peces, y otra la de las aves.

40Y cuerpos hay celestiales, y cuerpos terrestres; más ciertamente una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrestres.

41Otra es la gloria del sol, y otra la gloria de la luz, y otra la gloria de las estrellas: porque una estrella es diferente a otra en gloria.

42Así también es la resurrección de los muertos.

Se siembra en corrupción, se levantará en incorrupción … se siembra cuerpo animal, resucitará espiritual cuerpo. …

47El primer hombre, es de tierra, terreno: el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. …

49Y como trajimos la imagen del terreno, traeremos también la imagen del celestial”.

Anuncios

Un comentario

  1. Yolanda Salas Biord dice:

    Tengo 3 semanas haciendo mi hora santa es increíble como anhelo la hora que me toca para amar y glorificar al Señor Jesús

    Me gusta

Los comentarios están cerrados.