Las etapas de la oración

“Que me bese con los besos de su boca” (Ct 1, 2)

“El Cantar de los Cantares” entra a formar parte del canon bíblico de mano de una tradición alegórica; es una metáfora de la relación de Yahvé y su pueblo en clave esponsal. Es la descripción de la alianza amorosa que va desarrollándose en etapas hasta culminar en la unión concebido como plenitud, como respuesta al deseo más hondo que la amada expresa al inicio del Cantar: “Que me bese con los besos de su boca”.

El deseo de la esposa (alma) es de recibir el beso directamente del esposo y no de sus mensajeros, que Dios mismo se revele en persona y no a través de mediadores. La teología cristiana relee a partir de la Encarnación toda la historia de la salvación: es el Hijo el que ha sido esperado y anhelado por la esposa desde el principio. Los mediadores son mensajeros del Hijo, dice Ignacio Carbajosa, profesor de Antiguo Testamento.

Sulamita

Según la experiencia espiritual de cada uno, el alma se sitúa en el plano de conocimiento que le corresponde, paralelo al plano sensible y físico, pero en diferente nivel. El nivel depende de la fe que es un forma de conocer, un don basado en la esperanza y en el amor  alcanzado y cuyo efecto es la amplitud y el desarrollo intelectual, afectivo e instintivo de nuestro pensamiento. No podemos pensar lo que está fuera de nosotros, por eso es importante conocerse a sí mismo e interiorizar en nuestra oración. Si no dejamos que el sentido del alma, el espíritu, sienta en profundidad aquellos aspectos que nos hacen crecer, nos aferraremos a los pensamientos que ocupan de ordinario nuestra mente y nos aburriremos en la oración.

Básicamente crecemos en lo físico y en lo perceptivo a nivel de los sentidos externos y el desarrollo va paralelo a las etapas de madurez intelectual. Pero hay una madurez que no es paralela a la edad física, sino a la edad emocional, la perspectiva en que nos situamos cuando amamos, y la ∗capacidad de discernimiento intuitivo.

  • La primera, la perspectiva cuando amamos sufre transformaciones a lo largo de nuestra vida si perseveramos en la fidelidad de nuestro amor. Si no es así, no hacemos más que repetir la primera etapa, la del niño que necesita satisfacer su instinto, fortalecer su ego.
  • La segunda, la capacidad de discernimiento es un don que se ejercita, como un músculo, cuando buscamos la razón de las cosas, su origen y su finalidad. 

Así, cuando oramos, se abre una puerta en nuestro pensamiento a la trascendencia, a los límites de nuestra percepción, donde podremos entender que la vida es un don maravilloso puesto con una finalidad y, que no estamos solos, que el camino se abre para amar y amando, conocemos.

Dice el obispo Ignacio Brianchaninov (1807-1867): Cuando se inicia la vida de oración se ora únicamente por esfuerzo personal. Sin ninguna duda, la gracia de Dios viene en ayuda de cualquiera que ora con sinceridad, pero no revela su presencia. Durante este período las pasiones ocultas en el corazón entran en juego y conducen al que ora a un verdadero martirio en el cual victorias y derrotas se alternan sin detenerse, y tanto la libre voluntad como la debilidad del hombre son claramente puestas en evidencia.

En el segundo período, la gracia de Dios hace sentir su acción y su presencia de manera sensible, uniendo el intelecto al corazón y haciendo posible una oración sin ensueños ni distracciones, hecha con un corazón pleno de calor y de lágrimas. En este estadio, los pensamientos malos pierden su fuerza y cesan de dominar al espíritu.

arbol en inviernoLa primera etapa en la vida de oración puede ser comparada a los árboles desecados por el inverno; la segunda, a esos mismos árboles cubiertos de hojas y de brotes por el calor de la primavera. En los dos casos, el arrepentimiento debe ser el alma y el fin de la oración. En recompensa por el arrepentimiento que el hombre le ofrece mientras avanza todavía por su propio esfuerzo, Dios le acuerda, cuando le place, un arrepentimiento lleno de la gracia divina. Y el espíritu Santo, una vez que ha penetrado en el hombre, intercede en él con gemidos inefables… Intercede en favor de los santos según la voluntad de Dios que sólo él conoce (Rom. 8, 26 -27).

De todo esto, resalta claramente que las tentativas del debutante por alcanzar el lugar del corazón, es decir encender en sí mismo, prematuramente, la acción sensible de la gracia, constituye un grave error que invierte el orden requerido. Una tentativa semejante es orgullo.

Cantar de los CantaresLa Doctora de la Iglesia, Sta. Teresa de Jesús, refiere siete niveles, “Siete Moradas”, en el camino de oración que es para ella la “historia de amistad con Dios”, que van desde la conversión inicial en que comienza el trato con Dios, pasando por la oración de unión en la que la voluntad del orante y la de Dios son una sola, y culminando en el matrimonio espiritual, o sea, la unión total del alma con Dios, que bien la describe San Pablo: “Vivo ya no yo, sino es Cristo Quien vive en mí” (Gal.2, 20). 

Estos niveles que Sta. Teresa distingue y que varían según haya mayor, menor o ninguna intervención de las potencias del alma (voluntad, entendimiento y memoria) son los siguientes:

  • Trato inicial con Dios
  • Oración de recogimiento
  • Oración de quietud
  • Sosiego de potencias
  • Oración de unión
  • Desposorio espiritual
  • Matrimonio espiritual