Las etapas de la oración

Cuando se inicia la vida de oración se ora únicamente por esfuerzo personal. Sin ninguna duda, la gracia de Dios viene en ayuda de cualquiera que ora con sinceridad, pero no revela su presencia. Durante este período las pasiones ocultas en el corazón entran en juego y conducen al que ora a un verdadero martirio en el cual victorias y derrotas se alternan sin detenerse, y tanto la libre voluntad como la debilidad del hombre son claramente puestas en evidencia.

En el segundo período, la gracia de Dios hace sentir su acción y su presencia de manera sensible, uniendo el intelecto al corazón y haciendo posible una oración sin ensueños ni distracciones, hecha con un corazón pleno de calor y de lágrimas. En este estadio, los pensamientos malos pierden su fuerza y cesan de dominar al espíritu.

La primera etapa en la vida de oración puede ser comparada a los árboles desecados por el inverno; la segunda, a esos mismos árboles cubiertos de hojas y de brotes por el calor de la primavera. En los dos casos, el arrepentimiento debe ser el alma y el fin de la oración. En recompensa por el arrepentimiento que el hombre le ofrece mientras avanza todavía por su propio esfuerzo, Dios le acuerda, cuando le place, un arrepentimiento lleno de la gracia divina. Y el espíritu Santo, una vez que ha penetrado en el hombre, intercede en él con gemidos inefables… Intercede en favor de los santos según la voluntad de Dios que sólo él conoce (Rom 8, 26 -27).

De todo esto, resalta claramente que las tentativas del debutante por alcanzar el lugar del corazón, es decir encender en sí mismo, prematuramente, la acción sensible de la gracia, constituye un grave error que invierte el orden requerido. Una tentativa semejante es orgullo.

Obispo Ignacio Brianchaninov (1807-1867)

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