Dios tiene un Corazón

Y contra las promesas de Cristo dice: “Nosotros hemos llegado a ser hombres, y por tanto queremos el reino de la tierra”.  (J. Ratzinger, “Jesús de Nazaret”)

Dios ‘tiene’ Corazón. Es más, tiene un corazón de carne. Se hizo carne precisamente para poder sufrir con nosotros y estar con nosotros en nuestros sufrimientos. (Benedicto XVI)

Mirando a la Cruz, mirando al Corazón traspasado de Cristo ya no hacen falta palabras, hace falta una mirada contemplativa, una mirada que hace dar un vuelco al corazón humano. Como muy bien nos dice San Francisco de Sales:“Qué mejor oración que mirar con frecuencia el crucifijo y ofrecerle nuestras penas y sufrimientos unidas a las de Él”. Y esto se hace realidad y podemos llevarlo a cabo citando las palabras del Santo Padre:“Dios tiene Corazón”.

Dios está apasionado por los hombres y la pasión de Dios es el Amor. Es tan maravillosa que se hace casi increíble, por eso hay quien no lo cree. Por eso se hace tan difícil a veces  hacerle ver al mundo que el Amor es posible; que es posible vivir amando y gastando la vida por el Amor. Cuando uno cree en el Amor de Dios, manifestado en Cristo Redentor, de una manera viva todo cambia ya que éste es el acto de fe que, por excelencia, también modifica la forma de amarnos entre nosotros y de amar a nuestro prójimo. La fe en el Amor de Dios es creer que Él se interesa apasionadamente por nosotros, por cada uno de nosotros. El que adquiere conciencia de esto, tiene que corresponder necesariamente a ese Amor. Empiezas a sentir cómo el fuego que brota del Corazón de Cristo va abrasando toda tu vida entera.

Las relaciones de Dios con el hombre son de amistad, es decir,  consisten en una oferta permanente de amor que busca ser correspondido, de manera que esto en hechos reales de entrega. jesús se entregó por nosotros y por cada uno. Dice san Pablo en la carta a los Gálatas: “Me amó y se entregó por mí”, y por eso nos pideque respondamos a esa oferta de amistad, que no tengamos miedo a comprometernos en el Amor, a vivir desde el Amor.

Cristo dice a santa Margarita María: “Mira éste Corazón, que ha amado tánto a los hombres, que no se ha reservado nada hasta agotarse y consumirse para demostrarles Su Amor y en respuesta no recibe, de la mayor parte, sino ingartitud”.

Vivo y resucitado, Cristo presenta a santo Tomás su Costado abierto. No desea que le mire a Su Rostro, Él quiere que le contemplemos Su Costado abierto, Su Herida de Amor. En el Costado abierto podemos intuir que Jesús tiene herido de amor Su Corazón. Asomarse a esa ventana abierta es conocer al Dios que es Amor.

También hoy el Señor nos sigue mostrando su Corazón abierto, por eso tenemos que corresponder al Amor de Dios y, lo hacemos en la medida en que amamos gratuitamente, sin esperar nada a cambio, gastando nuestra vida en el Amor a Dios y en amar a nuestros hermanos siguiendo así Su ejemplo.

Director General, P. Juan José Infantes Barroso

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