Cómo es nuestra oración

La Hora de Presencia con Jesús define mejor nuestro carisma de adoradores

La oración es nuestro ofrecimiento; lo que da amor, gloria y reparación a Dios; que es el Padre lleno de Amor que espera a sus hijos y desea que le busquemos.

Hay un Corazón en el Sagrario que está presente en la Eucaristía. La Adoración es un tiempo de “dejarse en”, de abandono. Dejar que el Amor nos ame. Y cómo es esa relación, es renovadora. ¿Cómo? No lo sé. Encuentro alegría y respuestas para mi vida. Algo ocurre, porque siempre pasa algo bueno que me transmite paz. Una Paz profunda y duradera.

¿Por qué la Cruz es el signo de la Reconciliación? Porque junto a la Cruz Dios nos salva y nos cura nuestras heridas; perdona los pecados, aunque sean “inconfesables”. Siempre está la Misericordia intercediendo por nosotros. ¿Cómo sabemos eso? Vemos a los primeros que entran al cielo, después que confiesan su fe: son un ladrón y un soldado romano. Jesús le dice al buen Ladrón que va a estar ese mismo día con Él en el Cielo. Es un ladrón condenado a muerte y también al soldado que le clavó la Lanza en Su Costado le ocurre lo mismo; confiesa que Jesús es Hijo de Dios y se convierte.

Lo que cuenta es mí fe junto al arrepentimiento, el volverse a Dios. Por eso, volver nuestra mirada al sagrario es estar volviéndonos a Dios. Es esperar el perdón y la vida. ¿Qué cómo sabemos que nos perdona?… De la misma manera que sabemos lo que hacemos mal; éste es una verdad que nos atormenta, nos quita la paz, nos ronda por la cabeza y no nos deja hacer otra cosa. Buscamos respuestas y acusamos a todos los que hacen mal con una mirada acomodada a nuestra forma de obrar y distorsionada por la falta de amor. En cambio, cuando Dios nos perdona estamos felices, en paz. Somos capaces de ver la vida con ojos nuevos. Eso es porque hemos sido sanados.

Estamos ante el mayor Misterio de Dios, su Misericordia. Esto nos hace tener confianza infinita y a no perder nunca la esperanza en la reconciliación; a sabernos salvados/sanados cuando recurrimos a Él. En la Pasión vemos, al pie de la Cruz, al incrédulo que pide signos, tortura al Salvador y se condena por ello (Mateo 27, 33-50). Dice: ...”¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la cruz!”…y otro: “que baje ahora de la cruz y creeremos en él”…  «Espera, veamos si Elías viene a salvarlo»… “Es rey de Israel: que baje ahora de la cruz y creeremos en él”. Todos ellos habían condenado al Inocente y ahora pedían signos!! Eso sigue sucediendo en este tiempo; condenan al inocente y se lavan las manos. Nos escondemos de Dios y le buscamos cuando no tenemos paz.

El misterio de la Cruz es el Camino; la salvación pasa seguro por la Cruz porque es allí donde nos conocemos a nosotros mismos y donde nos espera un Corazón que está siempre lleno de Vida. Son varias las formas de amor, todas están unidas a la Cruz y el camino con Cristo. Y Todos estamos invitados a vivir esta experiencia.

La Hora de Presencia es un tiempo de ofrenda. Hacemos una hora por amor a Jesús y pensamos en la Hora del Calvario. Nos identificamos con la Ssma. Virgen María, San Juan Evangelista y Mª Magdalena. Damos nuestro corazón a Dios y Él nos da el Suyo a nosotros. Orar es hacer una elevación de nuestros sentimientos para unirnos con el Señor espiritualmente; es una Hora que le ofrecemos lo que somos, que hacemos, lo que hemos hecho mal y lo que hemos acertado. En los santos nos apoyamos, por su experiencia. Ellos son nuestros acompañantes en la oración. La Santísima Virgen María, San Juan Evangelista y santa María Magdalena son nuestros Modelos. Santos porque supieron amarle al pie de la Cruz y fueron los que no le abandonaron nunca.

El fin del hombre es adorar a Dios dándole gracias y alabándole por la vida y los dones recibidos y se hace ofreciéndonos, dejando todo en sus manos. 

  • Cada hora del día, tiene su patrono especial, además de la Virgen, S. José, los Santos y los nueve Coros de los Ángeles y, está dedicada a pedir por una “intención particular”, aunque se pueden añadir otras.

De 12 a 1 : Ntra. Sra. del Sagrado Corazón 1 a 2: San José y los santos 2 a 3 : Los Justos de la tierra 3 a 4 : Los Serafines 4 a 5 : Los Querubines 5 a 6 : Los Tronos 6 a 7 : Las Dominaciones 7 a 8 : Las Virtudes 8 a 9 : Las Potestades 9 a 10: Los Principados 10 a 11 : Los Arcángeles 11 a 12 : Los Ángeles

Intenciones por las que ofrecemos la oración: 

De 12 a 1 : La Iglesia. Las causas difíciles y desesperadas 1 a 2: Las naciones y sus gobernantes, la paz. 2 a 3 : Las instituciones políticas, sociales, económicas, medios de comunicación. 3 a 4 La familia, el respeto a la vida. 4 a 5 : La enseñanza, los jóvenes. 5 a 6 : El trabajo, los que van de viaje. 6 a 7 : Los pobres, los que sufren. 7 a 8 : La propagación de la fe. Los misioneros. 8 a 9 : La conversión de los pecadores y alejados. 9 a 10: Los agonizantes. 10 a 11 : Las almas del Purgatorio, los asociados y familiares difuntos. 11 a 12 : El reinado del Corazón de Jesús. Acción de gracias por los beneficios recibidos.

Decimos que hacemos la “hora de guardia” porque dirigimos nuestro corazón y nuestro pensamiento hacia Jesús en la Eucaristía mediante una comunión espiritual y la mirada del corazón. En algún otro momento durante el día podemos hacerle una visita y pasar, aunque sólo sea unos momentos junto a Él en el Sagrario.

Al comenzar la hora de guardia decimos una oración, la que nos ayude más, como ésta:

“Divino Jesús Salvador mío, yo os ofrezco esta Hora de Guardia, durante la cual, en unión de…… (aquí se nombran los santos patronos o acompañantes de la hora escogida), deseo muy particularmente amaros, glorificaros y sobre todo, consolar vuestro adorable corazón con mi amor. Aceptad con esta intención mis pensamientos, mis palabras, mis acciones y mis penas; recibid sobre todo, mi corazón que os entrego sin reserva, suplicandos le consumáis en el fuego de vuestro purísimo amor. “Todo por ti Corazón de Jesús por tu gloria, por tu amor”

En el Evangelio Jesús confirma eso que sabemos, qué Él está presente cuando dice a sus apóstoles«Si alguien me ama, guardará mis palabras, y mi Padre lo amará. Entonces vendremos a él para poner nuestra morada en él. El que no me ama no guarda mis palabras; pero el mensaje que escuchan no es mío, sino del Padre que me ha enviado. Les he dicho todo esto mientras estaba con ustedes. En adelante el Espíritu Santo, el Intérprete que el Padre les va a enviar en mi Nombre, les enseñará todas las cosas y les recordará todo lo que yo les he dicho. San Juan 14,15-16 – 23 b-26. “Si ustedes me aman, guardarán mis mandamientos, y yo rogaré al Padre y les dará otro Protector que permanecerá siempre con ustedes”

Y también por las palabras que Jesús dijo a santa Margarita María de Alacoque: “Tú, al menos, ámame”… cuando le pidió amor para que nos acercáramos a Él. 

Ofrecernos a Jesús

Amar es Consolar al Corazón de Jesús, es lo que se hace en esa Hora. Ponernos en presencia ante Jesús crucificado con el pensamiento y con el corazón. Mientras seguimos haciendo las actividades comunes diarias. Así, glorificamos con nuestro corazón los dolores que padeció en la Cruz por cada uno de nosotros y nuestra actividad da fruto en reparación por el desconocimiento de muchos, eso causa tanto sufrimiento, el abandono que padeció y sigue padeciendo hoy en día, sufriendo por la indiferencia y profanaciones en el Tabernáculo. Eso impide que tantas personas sean sanadas por Él, ya que se alejan sin solución. Así intercedemos por aquellos que sufren y por los que, ignorantes, causan más sufrimiento.

Vivir esta Hora de Presencia es un ofrecimiento que se hace con la alegría de saberse amado infinitamente y no se cae en falta si se nos olvida, sólo es un acto de amor y por amor se sirve.

AMAOS, dice:  “Como yo os he amado”

¿Qué es lo que Él quiso decir? Él nos ha amado en nosotros y a Dios. No a Dios tal como ya lo poseemos, sino tal como él quiere que le poseamos cuando dice: “Dios será todo en todos”. El médico ama a sus enfermos por la salud que les quiere dar, no por su enfermedad. “Como yo os he amado, amaos los unos a los otros”. (Homilía de San Agustín)

El que me VE a mí ve a aquel que me ha enviado..

(Simeón el Nuevo Teólogo, 949 d. C.)_: “Dios es luz.” (1Jn 1,5) una luz infinita e incomprensible. El Padre es luz, el Hijo es luz, el Espíritu es luz. Los tres son luz única, simple, sin compuesto, más allá del tiempo, en una eterna identidad de dignidad y de gloria. Luego, todo lo que viene de Dios es luz y se reparte sobre nosotros como venido de la luz: luz es la vida, luz es la inmortalidad, luz la fuente de la vida, luz el agua viva, la caridad, la paz, la verdad, la puerta del reino de los cielos. Luz el reino mismo de los cielos; luz el alcoba nupcial, el lecho nupcial, el paraíso, las delicias del paraíso, la tierra de las dulzuras, la corona de la vida, luz los vestidos de los santos. Luz de Cristo Jesús, el salvador y el rey del universo, luz el pan de su carne inmaculada, luz el cáliz de su sangre preciosa, luz su resurrección, luz su rostro, luz su mano, su dedo, su boca, luz sus ojos. Luz el Señor, su voz, como luz de luz. Luz es el Consolador, la perla, el grano de mostaza, la viña auténtica, la levadura, la esperanza, la fe: todo es luz.

San Juan 10 _… se celebraba la fiesta de la Dedicación del Templo“.

Jesús se paseaba en el Templo, por el pórtico de Salomón, cuando los judíos lo rodearon y le dijeron: «¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo claramente.» Jesús les respondió: «Ya se lo he dicho, pero ustedes no creen. Las obras que hago en el nombre de mi Padre manifiestan quién soy yo, pero ustedes no creen porque no son ovejas mías. Mis ovejas escuchan mi voz y yo las conozco. Ellas me siguen, y yo les doy vida eterna. Nunca perecerán y nadie las arrebatará jamás de mi mano. Aquello que el Padre me ha dado lo superará todo, y nadie puede arrebatarlo de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos una sola cosa.»

San Juan 21_ «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?»

Pedro volvió a contestar: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Jesús le dijo: «Cuida de mis ovejas.» Insistió Jesús por tercera vez: «Simón Pedro, hijo de Juan, ¿me quieres?» Pedro se puso triste al ver que Jesús le preguntaba por tercera vez si lo quería y le contestó: «Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero.» Entonces Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas”. “En verdad, cuando eras joven, tú mismo te ponías el cinturón e ibas a donde querías. Pero cuando llegues a viejo, abrirás los brazos y otro te amarrará la cintura y te llevará a donde no quieras.» Jesús lo dijo para que Pedro comprendiera en qué forma iba a morir y dar gloria a Dios. Y añadió: «Sígueme.».

«El que no lleva su cruz conmigo, no es digno de mí».

Llevando la Cruz el Cirineo fue introducido en el conocimiento del Evangelio.

Cuando Él enseño a Sus discípulos a orar y a pedir que Su Reino viniera _esto es, que Él pudiera reinar por completo sobre ellos_ también añadió que Su voluntad fuera hecha; como en el cielo, así también en la tierra. Esta oración pedía que la Voluntad del Señor pudiera hacerse en la tierra al igual que los benditos la hacen en los reinos celestes, sin resistir, sin vacilar, sin excepciones y sin tardanza.                    

El “Reino” representa el poder absoluto que Dios tiene sobre las almas que no ofrecen ninguna resistencia en nada. Él es su único maestro. No pasa lo mismo con otros _con aquellos que se poseen así mismos_ porque, siendo llenos de su propia voluntad, desean miles de buenas cosas que Dios no desea para ellos. Él sólo les concede estas cosas a causa de su debilidad; pero Él reina a modo de Rey sobre aquellos que ya no tienen voluntad que les pertenezca.

Jaculatoria: Madre mía, por ese primer acto de adoración que le ofreciste a Dios, haz que mi mente, mi corazón, los afectos, los deseos y todo mi ser, de ahora en adelante, no sean más que un continuo acto de adoración.

Y así nosotros, desde la mañana, junto con Nuestra Madre, hagamos un giro en la Divina Voluntad ofreciendo nuestros pensamientos, las miradas, todo en espíritu de sacrificio y por la salvación de las almas.

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