y el Verbo se hizo carne

El principio teológico que fundamenta la vida de la Iglesia católica.

El pensador y teólogo Hans U. von Balthasar escribe sobre la importancia de entender este principio como el designio de Dios, intangible por la finitud del hombre, en la permanencia de la Iglesia que nace como la historia de un pueblo y se sella en lo que queda expuesto en la cruz.

“Al principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios y el Verbo era Dios. El estaba al principio en Dios. Todas las cosas fueron hechas por Él, y sin Él no se hizo nada de cuanto ha sido hecho” (Jn 1, 1-3). “Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos visto su gloria, como de Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad” (Jn 1, 14)

“El Verbo, explica, existía en Dios desde toda la eternidad, y es el principio divino con que Dios creó todas las cosas y la luz con que sin cesar las alumbra. El Verbo en Dios es el arte de crear y disponer todo con una libertad soberana”. Aprehender, captar una cosa es dominarla mentalmente, es decir; fijarla en categorías estáticas y lógicas. Pero la finitud es nuestra categoría ante la lo inabarcable de la Luz, que todo lo inunda y desborda. Pero la primera aprehensión de “lo Inabarcable”, dice H. von Balthasar, encontró una forma en la Ley, donde fue una consigna de la presencia entre nosotros del misterio de la luz y verdad divinas. Pero fue aniquilándose en una “fórmula de conocimiento” que casi tenía una forma mágica de acción con pretensión de adueñarse de la venida de la luz. Una situación que se convirtió en contradicción en muchos casos, dice el teólogo. En este sentido hay que estudiar el designio divino de la creación como una unidad de toda la obra revelada, desde el origen en el Antiguo Testamento, hasta el momento de la Revelación de Jesucristo.

“Algo nuevo e inaudito ocurre cuando el Verbo desde sí, de cabe Dios, donde es y está, se hace carne”.

1.corazon“Carne es el hombre concreto, presente y manifiesto en su estructura somática”. Carne es nacer, crecer, alimentarse, engendrar, sufrir, morir. “Carne dice entrar, por la genealogía, en una cadena de antepasados, que misteriosamente la determinan y caracterizan”.

Nadie nace de un comienzo absoluto, sin una tradición, sin una cadena comunitaria que facilita la vida. Y Jesús tiene su comienzo en el Antiguo Testamento, como lo explican los Evangelios de Mateo y Lucas. También nace la Ley en una comunidad concreta y el espíritu de Dios sopla donde se observa la Ley de Moisés, para todo judío, que es la expresión de la Alianza de Dios con Israel, porque todo ha de consumarse de acuerdo con la Ley (Lc 2, 22-29)… “La carne es entregada sin defensas a la carne… no puede esquivarse: es abofeteada, escupida, flagelada, coronada de espinas, colgada de dos travesaños hasta expirar escarnecida en el último aliento”.

Ecce Homo

“El paso del individuo a la comunidad se da por adelantado en la carne. El individuo nace como parte de la historia de un pueblo y es educado por los demás para integrarlo en ella… ‘Pero los suyos no le recibieron’ ((Jn 1, 11).

Los músculos y los huesos no escogen su lugar en el cuerpo, tampoco escoge el individuo su puesto en el cuerpo social, así, el Verbo de Dios no pudo esquivar la ley que le presionaba a cumplir una función determinada, ese determinismo social e individual. Dice Jesús a Tomás: “el espíritu no tiene carne ni huesos, como los tengo yo” (Lc 24, 39), la encarnación del Verbo es irrevocable; lo mismo ocurre con con el organismo que se llama su Iglesia y es “su cuerpo” (Ef 1, 22), con todos los miembros (Rom 12, 4). “Sólo en la medida en que los individuos se inserten y coloquen en el puesto asignado por Cristo (Ef 4, 11), “funcionando” según la ley del cuerpo total, adquiere este cuerpo con sus miembros la edad adulta, la talla de Cristo, su plenitud”.

“Crezcamos en todo hasta Aquel que es la Cabeza, Cristo, de quien todo el Cuerpo recibe trabazón y cohesión por medio de toda clase de junturas, que llevan la nutrición según la actividad propia de cada una de las partes, realizando el crecimiento del cuerpo para su edificación en el amor” (Ef 4, 15).

“La previa voluntad libre informa desde dentro todos los determinismos de la carne, y, por ende, el carácter de entrega y exposición de la carne frente a los demás es también asumido. Y aquí es donde tropezará la mentalidad del “mundo”, que no soporta semejante libertad desde Dios,..”

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