Éste es el heredero

Hoy es Primer Viernes de Mes de los días de Cuaresma. Hemos escuchado en la Lectura del Evangelio una Parábola de Jesús. Usa una imagen de la “Viña” para explicar el Reino. La viña es un paisaje del Paraíso por donde los dioses del Olimpo se paseaban. Jesús utiliza aquello ya que estaba asociado a la Fiesta más importante, la recolección de la uva y su uso para la obtención del vino, que suponía la alegría griega de la vida. 

En esta enseñanza veo un aviso sobre la necedad, sobre los vicios que no nos dejan ver el valor de las cosas. Dios pone en nuestra vida unos dones, una familia, un trabajo, unos estudios,.. aquellas cosas donde tenemos que “trabajar” y cuidar. Pero cuando tenemos una vida en concreto, pensamos que la hemos merecido, que es nuestra, que podemos perder el tiempo o no hacer que de su fruto bueno, nos retroalimentamos con quejas y otros deseos de cosas que no tenemos, dejamos aquello que nos toca para buscar algo diferente, que nos produzca más placer o sensación de dominio. Nos plantamos en la vida como si aquello que tenemos no lo debemos devolver (dar sentido pleno).

Entonces caemos en la tristeza porque no valoramos las cosas y nos llegan avisos para que representemos el papel que nos toca trabajar, como cuidar de nuestra familia, o librar esa batalla laboral de todos los días. Además, incluso, lo hacemos sin alegría. 

Mateo 21, 33-43: Escuchad otra parábola: «Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo diciéndose: “Tendrán respeto a mi hijo”. Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron:  “Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia”. Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron.

Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?». Le contestan: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo».

Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos». (Y el que caiga sobre esta piedra, se destrozará, y sobre el que ella caiga, lo aplastará.) Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos. Y, aunque intentaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.

Dios nos ha dado un trabajo y ha puesto en nuestras manos los frutos de ese trabajo. Nos envía “criados suyos” para revisar, para ayudarnos, para animarnos,.. para decirnos que trabajemos con alegría porque es el Dueño de esa Viña Quien nos ha dejado a su cargo. pero nos volvemos orgullosos y juzgamos a quienes nos exigen hacer las cosas bien, cuando recibimos una multa, o nuestro hijo no se porta bien, no aceptamos nuestra labor y, en vez de corregir lo que nos disgustó, abandonamos. Cuando vuelva “el dueño de nuestra vida”, ¿qué le diremos? Muchos han renunciado a la fe y se han puesto ha hacer lo que su egoísmo les pedía (mataron a los criados), apagaron la responsabilidad por el placer, por la apatía.

El Reino está dentro de nuestra vida, es la “viña que trabajamos”, su Voz nos da luz, envía personas para guiarnos, no nos deja solos; ahí, siendo fieles, aprenderemos a conocer la voluntad de Dios y cumplirla y, así, con su Hijo, Jesucristo, nos salvamos.

Jesús decía estas parábolas para que recordásemos que el dueño viene en cualquier momento y, entonces, nos pedirá que le digamos qué hicimos con los dones que nos dio. Eso es lo que yo he entendido de esta enseñanza de Jesús porque me la aplico a mí misma, en todos esos momentos en los que he descuidado lo que me debo a ello.

M. Esperanza Outón, 2 marzo, 2018

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