Espiritualidad del Corazón de Jesús

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Diferenciar la palabra “culto”; “devoción” y; “espiritualidad”.

El culto es honor con sumisión, latría o adoración, fundado en la excelencia infinita de Dios; la devoción viene de “dovere”: entregarse. Es el verbo que empleaban los soldados romanos para significar su aislamiento en las legiones: entrega a Dios.

Espiritualidad es una norma de vida; una manera de vivir que “es la mejor”, que “no se debe equiparar a las demás”, que “no se puede libremente escoger en vez de otra, ni estimar en poco. Por eso, en ella “lo más importante no son las prácticas externas de piedad, ni el motivo de aceptarla han de ser las promesas”.

La espiritualidad del amor divino consiste en crear, desde la base de mis pensamientos, las condiciones para ver y persuadirme que Jesús es el Amor y experimentar ese Amor desde una conciencia diferente que transforme aquellas circunstancias en un proceso de crecimiento hasta llegar a la unión con Cristo que vive en mí y se me da de muchas formas, y más concretamente en la Eucaristía. Es vivir en un estado de “enamoramiento” con el espíritu de Dios, creador de todas las cosas que, en sintonía con Él, soy capaz de vivir de “otra manera”; sintiendo el servicio y la entrega como el vínculo que me une más a Él.

El Sagrado Corazón es el símbolo de esta Verdad y este Amor.

Esta experiencia está explicada en las escrituras, más expresamente en el Evangelio de San juan, el discípulo amado que “acogió a la Madre de Jesús en su casa y, desde allí, fundó las bases de las siguientes comunidades de cristianos.

San Juan Evangelista explicó cómo es posible esta unión sustancial con Jesucristo ya que la divinidad y la humanidad se completan hasta la plenitud en la persona de Jesús. San Juan habla del Verbo como esa esencia o Principio que lo crea todo y que “en Él todo es posible”. Él es la realidad fundante de todo origen.

Los Sinópticos nos ofrecen formas distintas del misterio de Jesús; Marcos, Jesús es la única realidad; Mateo, lo conexiona con el mundo judío; Lucas, con la humanidad. Pero Juan irá más al fondo. Jesús es la única explicación auténtica de Dios; el Hijo es Quien lo ha visto y lo ha contado. Dentro del hombre se oculta el Verbo. Ese es el Misterio que intuyó Pilato: “¿De dónde eres tú?” (19,9) Jesús ha estado siempre en la mente y en el corazón del Padre.

El protagonista del Prólogo es el Logos, es Jesús entendido como el “proyecto” de Dios (concepto de Logos según el mundo griego).

Juan ha visto la gloria de Dios en la humanidad que desborda Jesús, que la trasciende. Transfigurado plenamente, el Verbo se ha hecho carne, historia, tiempo. Así se manifiesta el Absoluto, en lo contingente: la Sabiduría en la carne; la Luz en las tinieblas; el Amor en la inconsistencia.

San Juan, con la Luz Pascual, el mundo queda en la esfera de la Luz de Jesús; los hijos de Dios han asumido los rasgos de lo divino y el dualismo ha desaparecido en la vinculación a lo humano: a “los que creen en Su Nombre”; aquellos que le han prestado su adhesión incondicional. Dios Padre revela el poder de Su Palabra hecha existencia, pues les hace verdaderos hijos.

“Quienes así nacen, nacen de Dios”. El Evangelio de Juan pone de manifiesto la Paternidad de Dios y su amor, por la dinamis del Espíritu.

(Jn 15, 9) “Como el Padre me ha amado, así os he amado yo”.

“… y se hace hombre para ofrecerme un Corazón que me comprende”. P, José Luís de Urrutia, S. J.

(ver más…)

  • Prof. Secundino Castro

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