Es necesaria la oración?

Corazón de Jesús, es necesario que arda nuestro corazón. ¿Dónde podemos ir con un corazón apagado? Necesitamos el fuego de Tu Corazón que incendie el nuestro en caridad, una caridad basada en la generosidad y en la entrega. Una caridad que no haga cálculos. Que el encuentro con Tu Corazón encendido en el Amor nos ayude a vivir prendiendo fuego de caridad en el mundo.

Juan José Infantes Barroso, “Junto al Corazón de Cristo”

Una vez alguien me preguntó ¿Qué es orar? ¿Cómo hacer mejor la oración? 

La mejor oración es aquella que se hace por los demás, por aquellos que no pueden orar o que están lejos de Dios.

La oración es un gesto y actitud de la persona hacia Dios. Es una razón de su “ser” persona, ser humano que se sabe necesitado y que interiormente conoce que no está solo, que su inteligencia se eleva sobre su naturaleza sencilla, de su cuerpo y condición, para formar parte del Amor de Dios.

Desde los comienzos de la Humanidad se sabe que el hombre ha orado mirando al infinito. Desde los descubrimientos arqueológicos de mayor antigüedad, sabemos que el hombre enterraba a sus muertos con sus enseres más personales. Son, precisamente, estos campos de tumbas lo que nos ha quedado de testimonio de las primeras comunidades formadas por el hombre. Creemos, por tanto, que ese primer hombre, lo era por ese gesto y actitud de venerar a sus seres queridos y esperar que algún dios los recogiera en otra vida. Cada vez estamos más cerca de saber de ese primer hombre que recibe el espíritu, razona, se comunica, ama y ora.

Pero, ¿ desde cuándo se ora? Quién lo inventó?

¹Un equipo de científicos del Instituto Max Plank ha encontrado en la localidad de Jebel Irhoud, Marruecos, los restos más antiguos de Homo sapiens registrados hasta la fecha. Con una antigüedad de entre 300.000 y 350.000 años. El hallazgo evidencia el origen del hombre moderno fuera del África subsahariana y antes de lo que se pensaba… El punto de división entre el Homo sapiens y el neandertal o el hombre de Denisova ocurrió hace 500.000 años.

Orante

En mi opinión, “no orar” es una imprudencia. Pero en opinión de los científicos, orar es poner en actividad la parte del pensamiento más profunda. Creo que la que más se acerca a la eternidad, a aquello de donde venimos y a Aquel de quien somos imagen y semejanza. Orar es algo que surge de nuestro interior y que tiene relación con la razón que busca; nuestro origen, el principio y el fin, el sentido de nuestra vida. Un origen que se basa en recorrer las huellas, mirar a “nuestros semejantes” hasta dar con el primero, ese gesto, esa primera “voz” que se elevó a Dios, se diferenció de aquello que es común a otras especies animales, condicionadas por su entorno próximo, que sus acciones son antagónicas a nuestra manera de interactuar con el medio y con los otros. En el hombre, es la semejanza la que nos une, en aquello que compartimos es donde encontramos el otro “yo”.

Por tanto, orar es buscarme a mí mismo primeramente en el “otro” pero no quedarse ahí. El “otro” me ayuda a ser yo mismo plenamente y, supuestamente, feliz. La oración verdadera se cumple en el encuentro con Aquel que me conoce, que sabe de mí y que me ama. Es un camino de búsqueda de Aquel que me conoce y donde somos seducidos por el Amor de Dios. Él mismo nos sale al encuentro y se nos manifiesta como el Salvador; se hace uno con nosotros en nuestra vida y, como el Buen Pastor, nos “toma sobre sus hombros” para conducirnos allí, a la Tienda del encuentro (Mc 9, 5).

La Historia del amor de Dios por el hombre se encuentra cuando se leen detenidamente las Sagradas Escrituras, allí se nos describe tántas veces cómo Dios se dirige al hombre y le perdona para salvarle de nuevo. La unidad que se percibe es ese “hilo” de amor, tan providencial y tan misterioso que nos sorprende. Allí se cuenta que donde hay un hombre orando, allí desciende Dios con su ángel. Desde el Principio Dios hace una Alianza con el hombre para encontrarse con él en el lugar donde ora:

Libro del Génesis (35, 9-15)‘Elohim se apareció de nuevo a Jacob a su regreso de Paddán ‘Aram y le bendijo. Después díjole ‘Elohim: “Tu nombre es Jacob; pero ya no se te llamará con el nombre de Jacob, sino que Israel será tu nombre”. Púsole, pues, por nombre Israel. Después ‘Elohim dijo: “Yo soy ‘El-Sadday; sé fecundo y multiplicaté; un pueblo y una muchedumbre de pueblos procederán de ti, y reyes saldrán de tus lomos. El país que di a Abraham y a Isaac, a tí lo daré; y a tu descendencia después de ti daré el país”. Entonces retiróse ‘Elohim de junto a él <en el lugar donde con él había hablado>, Jacob erigió una “massebah” en el sitio donde (‘Elohim) había hablado con él, una “massebah” de piedra. Sobre ella vertió una libación y derramó sobre ella aceite. Y llamó Jacob al lugar donde ‘Elohim había hablado con él Bet-‘El (Belén. Que antes se llamaba Luz).

Los ángeles son seres reales en las Escrituras; son servidores, mensajeros, de Dios _ άγγελος (mensajero)_. San Agustín dice de ellos: “El nombre de ángel indica su oficio, no su naturaleza. Si preguntas por su naturaleza, te diré que es un espíritu; si preguntas por lo que hace, te diré que es un ángel”. Con todo su ser, los ángeles son servidores y mensajeros de Dios, porque contemplan “constantemente el rostro de mi Padre que están en los cielos” (Mt. 18, 10), son “agentes de sus órdenes, atentos a la voz de su palabra” (Sal. 103, 20). Y Santo Tomás de Aquino, dice en la “Suma Teológica”, I, q. 50, a.1: “Es necesario admitir la existencia de algunas criaturas incorpóreas. Lo que sobre todo se propone Dios en las criaturas es el bien, que consiste en parecerse a Dios. Pero la perfecta semejanza del efecto con la causa es tal cuando el efecto la imita en aquello por lo que la causa produce su efecto, como el calor produce lo caliente. Pero Dios produce a la criatura por su entendimiento y su voluntad […]. Por lo tanto, para la perfección del universo, se requiere que haya algunas criaturas intelectuales”. Explica además que: debido a que el entendimiento no puede ser una facultad física ya que todos los cuerpos materiales están limitados al tiempo y al espacio, concluye el Doctor Angélico (como le llamaban), “para que el universo sea perfecto, es necesario que exista alguna criatura incorpórea”.

Muchos filósofos ignoraron la existencia de la capacidad intelectual, y debido a ello, no supieron explicar la diferencia entre el entendimiento y el sentido. Por eso, concluyen algunos que no puede existir nada que no sea percibido por los sentidos y por la imaginación. Y como en el campo de la imaginación no cabe más que el cuerpo, estimaron que no había más ser que el cuerpo físico. En esto coinciden los modernos materialistas con los antiguos pensadores saduceos, quienes decían que no había espíritu (Hch. 23,8). Pero, dijo Santo Tomás: “sólo por el hecho de que el entendimiento es superior a los sentidos, se demuestra razonablemente la existencia de algunas realidades incorpóreas, comprehensibles sólo por el entendimiento”.

La realidad de estos seres incorpóreos se vive cuando oramos, nos acompaña un sentido “más razonable” que la mera imaginación pues hacemos la función de ángeles (mensajeros). La oración intercede el favor de Dios de unos a otros. El entendimiento es el que percibe aquello que es materia y también aquello que se les escapa a los sentidos, hace entender que el gesto de adoración y la elevación del pensamiento hacia Dios le cambia por dentro al que ora porque le da paz y le hace sentir armonía con aquello que pronuncia. En estados de gran profundidad en la oración, el que ora siente que Dios está presente y, en el estado de abandono, él siente que Dios le habla.

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