Qué bien se está aquí

Es el sentimiento que expresa Pedro en el monte de la Transfiguración. Le brota de lo más profundo de su ser. Pedro había subido con Cristo junto a Santiago y Juan al monte Tabor. Habían sido invitados por el Maestro a subir a la montaña alta y allí el Señor se Transfigura delante de ellos. El monte es el lugar de encuentro con Dios. Han subido al monte Tabor a encontrarse de una forma más íntima y personal con el Dios que los ha elegido y los ha llamado a vivir junto a Cristo. Una vez más van a experimentar en sus vidas la cercanía de Dios, ese Dios que nunca los va a abandonar. En el Tabor, Dios les muestra a “su Hijo amado” y les invita a estar atentos a su palabra, a sus signos, en definitiva a estar dispuestos a imitarle a lo largo de sus vidas. Pero a la vez les hace pensar a ellos y también a cada uno de nosotros ama a través del Corazón de su Hijo y nos ama de tal forma que nos quiere y nos acepta tal y como somos.

¿Qué más necesito para ser feliz?
Esta es también nuestra historia personal. Hemos sido llamados y elegidos para vivir en el Corazón de Cristo, en la intimidad más profunda. En cada momento y situación de nuestra vida hemos de tener este mismo sentimiento de Pedro y expresar lo bien que estamos con el Señor. La raíz de nuestra felicidad precisamente está en sentirnos a gusto con el Señor, en disfrutar en cada momento de lo que recibimos del Señor, en los detalles de amor que el Corazón del Señor tiene con cada uno de nosotros. Santa Margarita María que ha experimentado en su vida, a pesar de los sufrimientos y dificultades, lo bien que se está con el Señor nos dice: “estableced vuestra morada en el Corazón de Jesús; en Él encontraréis una paz inalterable y la fuerza para hacer realidad los buenos deseos que Él nos inspire y para no cometer faltas voluntarias” Tenemos un peligro. Nos puede pasar como les pasó a los discípulos al escuchar la voz de Dios, sintieron miedo. Esto puede ser una realidad en nuestras vidas de tal forma que no escuchamos a Dios por miedo a lo que nos pueda pedir, por seguir instalados en nuestra propia comodidad. Hemos de tener muy claro que a Dios más que temerlo hay que amarlo. En muchas ocasiones el Señor dice en el Evangelio: “ no tengáis miedo” .

Este miedo impide la entrega total y generosa al Señor y a los hermanos. Hay que convertir nuestros miedos en generosidad, y así podremos seguir experimentado en cada momento y en cada situación de nuestra vida lo bien que se está en el Corazón del Señor. Que nuestro deseo constante sea el mismo de Pedro: 

¡Qué bien se está aquí, hagamos tres tiendas! Tenemos que instalarnos en el Corazón de Cristo, es el mejor lugar para permanecer y sobre todo para perseverar. 

Juan José Infantes Barroso, pbro.
Director Internacional de la Guardia de Honor

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