Porque eres persona

Si de algo sabemos hablar es de nosotros mismos, es un tema inagotable. Somos historia porque hay infinitos aspectos que nos conducen a un lugar de nuestra biografía. La riqueza de una vida se transmite en “historias” vividas. Esa historia no es traducible a un lenguaje exclusivo; hay sentimientos, dolores, experiencias que no se pueden expresar sólo con la voz; hay que recurrir a ejemplos, a las experiencias de otros para transmitir unos aspectos que nos definen y nos dan un panorama para interpretar lo que hacemos, el por qué de nuestra vida. La psicología quiere sanar esa experiencia, nos da “porqués” a cada cambio, cada negación y cada infelicidad; pero no ha dado soluciones para guardar la felicidad. Y es que, cuando recordamos los momentos más felices, “¡nos duelen!”. Hemos perdido el espacio que nos separa de ellos, no somos capaces de explicárnoslo, de volverlo a revivir para otros, para olvidarnos del sufrimiento actual.

Todo esto tiene una razón, es una razón espiritual y teologal. Es la razón histórica de la persona. La razón hay que buscarla. Decimos: “¡no encuentro la razón!” y es verdad. La razón está en nuestro interior más profundo, forma parte de la raíz de nuestra vida y de nuestra forma de vivir, que no se parece a ninguna. En esa razón escondida se encuentra la solución de nuestra vida, porque nos “da razones para seguir y cómo seguir”. Esa razón no está al alcance de un médico, excepto para medicarnos y olvidar. Pero olvidar es adormecer esa razón y “vendarla” para que no pueda descubrirnos el misterio de nosotros mismos, ese amor que nos despertará de un momento a otro y nos iluminará el entendimiento. Ese proceso es un camino de autoconocimiento que no es posible hacerlo solos. Necesitamos ayuda de una persona, que pueda observar y darnos luz hasta que lleguemos a la verdad. Ese encuentro es siempre pleno y feliz. El camino, no siempre será feliz, pero estará lleno de sentido. El sentido está lleno de voluntad que no abandona el camino, al menos que nosotros queramos seguir.

Este camino está escrito en lenguaje histórico, espiritual y teológico, está en el Evangelio. Este camino empezó en la elección de Dios que nos salva, en un Dios que se compadece y nos envía una persona, un mediador para el camino. Es Dios, está en cada situación de nuestra vida, en todo aquello que nos afecta, para el bien nuestro está en cada capítulo de las Sagradas Escrituras, por eso mismo, porque es Dios. Pero hay que “querer” para entender. Quién no “ve” no puede mirar; quien no mira, no puede conocer. Es Dios,  y en Él son las “tres personas”, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. La fe nos funda en la misma persona de Jesucristo, por filiación con el Padre, por mediación del Espíritu. La revelación nos dio la noticia, el secreto mantenido durante siglos y manifestado en el presente. (Rm 16, 25)

Pensemos sobre lo que significa “ser persona”.

Conducimos¿Cómo “conducimos” nuestra vida? En el lenguaje cotidiano, la palabra persona hace referencia a un ser con poder de raciocinio que posee conciencia sobre sí mismo y que cuenta con su propia identidad. El ejemplo excluyente suele ser el hombre, aunque algunos extienden el concepto a otras especies que pueblan este planeta.

Persona es un término latino que tiene su equivalente en el griego y es prósopon, que hace referencia a las máscaras que utilizaban los actores en el teatro clásico. De este modo, de acuerdo a la etimología podríamos decir que persona prósopon significa personaje.

Otra explicación etimológica afirma que persona proviene de persono que viene del infinitivo personare que significa hacer sonar la voz, puede tener conexión con la explicación anterior en tanto y en cuanto los actores realizan esta acción para hacerse oír en el teatro.

La tercera teoría se inclina a encontrar el significado del término en una raíz jurídica, considerando que hace referencia a un sujeto legal, con deberes y obligaciones. Es la teoría es la que ha influido más firmemente en los usos filosófico y teológico.¹

«Ningún hombre puede eludir las preguntas fundamentales: ¿qué debo hacer?, ¿cómo puedo discernir el bien del mal? La respuesta es posible sólo gracias al esplendor de la verdad que brilla en lo más íntimo del espíritu humano, como dice el salmista: «Muchos dicen: “¿Quién nos hará ver la dicha?”. ¡Alza sobre nosotros la luz de tu rostro, Señor!» (Sal 4, 7).

Para que los hombres puedan realizar este «encuentro» con Cristo, Dios ha querido su Iglesia. En efecto, ella «desea servir solamente para este fin: que todo hombre pueda encontrar a Cristo, de modo que Cristo pueda recorrer con cada uno el camino de la vida»

“Veritatis Splendor”, Juan Pablo II

“Conócete a ti mismo”, es la inscripción que podía leerse sobre la puerta del templo de Apolo en Delfos.

La introducción a la Carta Encíclica Fides et Ratio del Beato Papa Juan Pablo II, se refiere en su totalidad al tema del conocimiento de si mismo.   En su saludo nos dice:  “Dios ha puesto en el corazón del hombre el deseo de conocer la verdad y, en definitiva, de conocerle a Él para que, conociéndolo y amándolo, pueda alcanzar también la plena verdad sobre sí mismo.”   Nuestro deseo, nuestra inquietud, sólo puede ser respondida conociendo a Dios. 

“Movido por el deseo de descubrir la verdad última sobre la existencia, el hombre trata de adquirir los conocimientos universales que le permiten comprenderse mejor y progresar en la realización de sí mismo. Los conocimientos fundamentales derivan del asombro suscitado en él por la contemplación de la creación: el ser humano se sorprende al descubrirse inmerso en el mundo, en relación con sus semejantes con los cuales comparte el destino. De aquí arranca el camino que lo llevará al descubrimiento de horizontes de conocimientos siempre nuevos. Sin el asombro el hombre caería en la repetitividad y, poco a poco, sería incapaz de vivir una existencia verdaderamente personal…

… La filosofía moderna, dejando de orientar su investigación sobre el ser, ha concentrado la propia búsqueda sobre el conocimiento humano. En lugar de apoyarse sobre la capacidad que tiene el hombre para conocer la verdad, ha preferido destacar sus límites y condicionamientos”.²

¹http://definicion.de/persona/
²http://www.vatican.va/edocs/ESL0036/_INDEX.HTM

Gnôthi seautón³

¡Oh! Tú que deseas sondear los arcanos de la naturaleza, que si no hallas dentro de ti mismo aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera. 

Si tú ignoras las excelencias de tu propia casa,¿cómo pretendes encontrar otras excelencias? 

En ti se halla oculto el Tesoro de los Tesoros.

¡Oh! Hombre, conócete a ti mismo y conocerás el Universo y a los Dioses”

³Platón, “Carménides”
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