El Espíritu del Señor llena la tierra

Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

Dice San Pablo en 1 En 8, 8-17; “El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Pues bien, si Cristo está en vosotros, el cuerpo está muerto por el pecado, pero el espíritu  vive por la justificación obtenida. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos  habita  en vosotros, el que resucitó  de entre los muertos  a Cristo  Jesús  vivificara también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros”.

Comentario dedicado a los enfermos de cuerpo y alma, que somos todos: El Espíritu Santo que había prometido Jesús a sus discípulos les llenó de alegría en ese momento y además, recibieron los dones del Espíritu que Jesús había merecido para nosotros del Padre, por su ofrecimiento total a Él.

Para recibir éstos dones, según entendemos, habría que confirmar nuestra fe con asentimiento. Vemos que durante los días después de Su muerte y Resurrección, Jesús se apareció a todos aquellos que dudaron de lo que les había prometido y por eso salieron de Jerusalén volviendo a sus tareas habituales. María Magdalena fue a la primera que se le apareció y a ella la envió para avisar a los demás. A quienes estaban dudosos de todo lo que había sucedido. La desconfianza cierra la puerta al Espíritu Santo. María, su Madre, era la Esperanza del Pueblo de Dios porque nunca desconfio, ella dio su fiat para siempre. Por eso, Jesús se aparece a todos a los que quiere dar su Espíritu y que confían. No se apareció a quienes no confiaban en su venida. Es nuestra fe lo que nos llena del Espíritu de Cristo, que dice San Pablo en la Carta a los Romanos. Es el Amor quien viene a salvarnos y es nuestro amor el que da la medida de la gracia. Por éste motivo Jesús preguntaba a Pedro: “Me amas Pedro”, y lo repetía tres veces mientras Pedro le respondía “Te quiero Señor, tú ya lo sabes”. Amar es un verbo diferente en arameo que “querer”. Jesús sabia lo que le preguntaba a Pedro: ¿cuál es la capacidad que tienes para recibir mi gracia?…. Pedro conocía cuál era; había desconfiado tres veces y ahora Jesús se lo recordaba preguntándole tres veces la medida de su entrega.

Jesús iba a volver y nos llenaría de los Dones recibidos del Padre para quienes estuvieramos abiertos a su Amor. Su Amor supone no desconfiar de Él pase lo que pase. Como hizo María, su Madre. Por eso Ella es “llena de gracia” y fue Ella quien recibió a sus apóstoles en su casa el día de Pentecostés.

A Jesús le llenó de felicidad aquel día saber que su Madre se encontraría con nosotros en el momento que fuéramos a recibir su Espíritu. Porque Ella, firme en su fe, no dudó  nunca y aceptó el dolor y la confusión que causó todas las humillaciones recibidas. Ahora la felicidad plena es de quien ama y da a Jesús su voluntad cómo prueba de fe.

“Corazón” es semejante a “voluntad” en la interpretación de los Santos Padres. El corazón es dar amor con todas nuestras acciones. Es volcar el “querer” nuestro en el “Querer” (Corazón) de Dios.

M. O.

OH DIOS, QUE POR EL MINISTERIO DE PENTECOSTÉS SANTIFICAS A TU IGLESIA, EXTENDIDA POR TODAS LAS NACIONES, DERRAMA LOS DONES DE TU ESPÍRITU  SOBRE TODOS LOS CONFINES DE LA TIERRA  Y NO DEJES E REAÑIZAR HOY, EN EL CORAZÓN DE TUS FIELES, AQUELLAS MISMAS MARAVILLAS QUE OBRASTE EN LOS COMIENZOS DE LA PREDICACIÓN EVANGÉLICA. POR NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO.

 

 

3 Jun 17

 

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