Tertulia sobre el perdón

DescargarTertuliaPerdon_DocDEF

 

Tertulia

En torno a la combinación de ideología, emoción, violencia; el terrorismo es aquello que ejercen quienes son incapaces de expresar sus ideas de forma pacífica. Así imponen la cultura de la muerte con un fin político.
Frente a las emociones que, en un primer momento, el terrorismo nos suscita; entre ellas horror, injusticia, confusión, miedo, dolor, impotencia, rabia, ignorancia, locura, persecución… apuntamos que:
• Se aprecia todo un orden de causantes para tales situaciones o actos. Hechos que al mismo tiempo pueden ser el propio medio de quien ejerce tales acciones.
• En primer lugar un factor que permite la cultura de la muerte es la propia cultura de las armas, con ello se promueve una normalización de la violencia.
• Además encontramos, en nuestra sociedad, una serie de características que favorecen y, al final, suponen ser un medio para esta cultura de la muerte. Por un lado tenemos la falta de afectividad que hay en las familias. Así mismo, por otro lado, cabe añadir la soledad generalizada que sacude a una sociedad altamente tecnologizada. Es decir una sociedad muy virtualmente interconectada pero humanamente distante.
• Finalmente los “sueños rotos” de muchos jóvenes, que no encuentran ni trabajo
ni vocación, suponen una soledad aún mayor.

Estas situaciones que se aprecian en la vida de las personas son caldo de cultivo fértil para la cultura de la muerte y el terrorismo. Por ello, sobre todo, jóvenes y niños son movidos a hacer cosas que, probablemente nunca imaginaron hacer. Así destacamos una serie de situaciones y colectivos que suponen ser objeto de lo mencionado anteriormente.
• Así se juega con esos “sueños rotos” de muchos jóvenes y frente a la mediocridad, el desencanto, el aburrimiento, la baja autoestima y la soledad; la cultura de la muerte les ofrece poder, fama, gloria, ego, una heroicidad y una comunidad.
• Más aún, junto a esas situaciones, junto la cultura de la violencia, se utiliza a los niños para normalizar la crueldad para que, en un futuro, estén acostumbrados a la barbarie.
• El objetivo del terrorismo es, en última instancia, algo político e ideológico.
• Se pretende oponer a la sociedad. Oponer un “nosotros” y un “ellos”.
• Se pretende restar la dignidad de quienes son distintos de lo propio, en un dogmatismo que no deja espacio alguno a la alteridad.
• A lo que finalmente se tiende es a deshumanizar al oponente, pero un oponente que es, a veces sin saberlo, meramente político.

Puede entonces todo resumirse explicitando que, junto con las características nuestra sociedad, se utiliza la situación a niños y jóvenes para instaurar una cultura de la violencia.
Algo que no es más que un fin político. Lo que hacen es señalar a una sociedad carente de humanidad como totalmente inhumana y, por tanto, digna del terror. Pero, frente a todo esto, nosotros, como jóvenes, presentamos una propuesta y una alternativa a este diagnóstico:
• Romper la dinámica, romper la cadena del dolor. Entender el perdón como alternativa a la venganza. Y para ello cabe instar concretamente a las siguientes cuestiones:
• Dar voz a la víctima. Ayudar a quienes han sufrido el terror para poder limpiar sus heridas, pues una herida tapada no se cura. Para ello también es fundamental la apertura y humildad de la víctima: algo tan difícil como excelso.

Abrir un espacio a la familia, entendida como el núcleo de la sociedad y el lugar en el que se puede dar verdaderamente a conocer la cultura del perdón.

• Otorgar al ofensor la posibilidad de cambiar, otorgar la posibilidad de restaurar el mal cometido. Eso supone creer en el ser humano y confiar en el amor como principal restaurador de todo mal. En definitiva esto supone replantear el papel del sistema penitenciario y la cárcel en el proceso de reconciliación.
• Apelamos a la responsabilidad. Tanto de medios de comunicación, como de los gobernantes, como la de nosotros mismos.
• Tener siempre como bandera el diálogo. Con silencio y escucha para poder realmente construir algo juntos como sociedad. Si no nos escuchamos tampoco nos podemos conocer, ni mucho menos reconciliar.
• Con ello hay que evitar la manipulación de la historia con fines particulares, del mismo modo que evitar discursos del odio o de la división.
De este modo, sabiendo que la familia es la base de la sociedad del encuentro y sabiendo que no hay reconciliación alguna -ni social ni personal- sin humildad frente al orgullo, hacemos llamada a un cambio real en el mundo: empezar por nosotros mismos, pues eso es empezar realmente desde abajo, desde la vida misma. Si no somos capaces de perdonar en las
pequeñas cosas tampoco podremos dar solución a los problemas de la dinámica del terror.

Marta G. Outón

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s