Nativitate

NACIMIENTO DE LA VIDA PARA TÍ __ENSEÑANZA DE JESÚS

Etimológicamente esta palabra viene del latin “nativitas” gen. “nativitatis”, que proviene del verbo “nascior”-“nacer”. Como adjetivo es “natalis” o “natale”, en catalan “nadal”,  en frances “noel”.

“La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre, viniendo a este mundo” (Jn 1, 9)

LA ENSEÑANZA DE JESÚS A NICODEMO

“Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, magistrado judío. 2.Fue éste donde Jesús de noche y le dijo: «Rabbí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede realizar los signos que tú realizas si Dios no está con él.» Ver: _ San Juan 3, 1-36  “Has venido de Dios como maestro”, Jesús hace “signos” y, dice: nadie hace signos si Dios no está con él. La fe significa abrir expectativas a lo trascendente, al misterio de la vida. Sin fe, no hay un entendimiento.

Primero hay que abrir la capacidad de entender. “En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios”  (Jn 3, 3)

“¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo?”; ¿es posible la fe? ¿Es posible empezar a entender algo nuevo sin nuestros entendimientos, prejuicios?

Jesús responde que se trata de un nacimiento de “agua y Espíritu” para “entrar en el Reino de Dios”. _Nicodemo no entendió que el Reino no se trataba de un reino del mundo.

Jesús explica este Reino: “Tenéis que nacer de nuevo: El viento sopla donde quieres, y oyes su voz, pero no sabes de donde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu”. (Jn 3,8)

Cuando Nicodemo vuelve a extrañarse no se va, como acostumbramos a hacer cuando aquello que nos muestran no nos es conocido y no es popularmente aceptado. Se queda a la expectativa de entender aquello que es el Reino que Jesús viene a anunciar.

Dice: “¿Cómo puede ser eso?” (Jn 3, 9)

Pero Jesús le muestra su asombro: “Tú eres maestro en Israel y ¿no sabes estas cosas?” , seguramente Nicodemo no sabía Quién era el Espíritu del que hablaba Jesús, pero los judíos conocían muy bien el Espíritu que había guiado a su Pueblo y la Palabra del Antiguo Testamento se leía desde el Espíritu que la inspira: La Masora. ¿Cómo entendían los judíos el Espíritu del que hablaba Jesús?… Al momento, ese misterio se lo desvela cuando Jesús empieza a hablar en plural:

“En verdad, en verdad te digo: nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero vosotros no aceptáis nuestro testimonio”. (Jn 3, 11)… Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito” (3, 16).

Jesús da testimonio en nombre del Padre, en Su Nombre y en el del Espíritu Santo; usa un plural para referirse a su origen y a Su misión, que describe a continuación:

“… para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna”. (Jn 3, 16)

En el Reino de Dios se alcanza la vida eterna. Jesús ha sido enviado para anunciar la vida eterna y se encuentra con una incredulidad radical, cerrada a Aquel que Dios mismo envía por amor.

“Porque Dios no ha enviado a su Hijo al Mundo para juzgar al mundo, sino para que se salve por Él. El que cree en Él no es juzgado”. (Jn 3, 17)

Los judíos conocían a Dios unido a la Ley y los Mandamientos, pero Jesús viene a traer el Reino. Es decir; el Espíritu que se alcanza “naciendo de nuevo”. Abriéndonos a la fe en Jesús, Él que ha venido para salvarnos. Pero que sólo se salva el que cree en Él, porque el que no cree en el Hijo, “ya está juzgado”. ¿No es obvio que si el Hijo de Dios hace signos que nadie puede hacer, sea creído? y si manifiesta que por fe somos salvados, ¿no es sencillo abrir nuestro entendimiento para escuchar y ver lo que Jesús es y hace para salvarnos y darnos vida eterna? ¿no es algo que todos daríamos todo nuestro patrimonio para conseguirlo? ¿Dónde está puesto nuestro entendimiento? Seguimos viendo a Dios como lo veían los fariseos, desde un entendimiento sujeto a la tierra, al mundo que da la espalda constantemente a Dios.

“El juicio está en que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, para que no sean censuradas sus obras. Pero el que obra la verdad, va a la luz” (Jn 3, 19)   

El que cree, busca la verdad y saca “sus cosas”, no las del prójimo (eso sabe hacerlo todo el mundo), a la luz; las lleva a confesar para que sean “juzgadas” según Dios, que es amor y perdón. Tenemos la promesa de que:

“el que cree, no es juzgado”. Pero es necesario “nacer del agua y del Espíritu” (Jn 3, 5)

Jesús viene a explicar a Nicodemo, que era magistrado en la Sinagoga y representa a todos aquellos que conocen a Dios, que son conocedores de la Ley y juzgan como maestros, cómo salvar la vida . Es necesario “nacer de nuevo”. Es decir: acudir al sacramento del perdón, que es el bautismo de agua y Espíritu.

En las Escrituras cada persona con nombre propio representa un estado social y, los que son anónimos, como cuando dice “mujer”, se refiere a toda la comunidad de mujeres (en todo tiempo).

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