La llegada del Reino

1. uvasLa viña es un símbolo que viene desde los orígenes del pensamiento, cuando el hombre comienza a pensar asociando su experiencia a unas consecuencias lógicas que, por semejanza, le muestran un sentido de las cosas y le facilitan unos procesos más complejos de entendimiento. Así, por medio de signos, Dios nos habla en la Sagrada Escritura. La Palabra se dirige a los hombres por medio de parábolas o imágenes que son experiencias comunes de los hombres con su realidad donde se descubre el camino que Dios muestra al hombre para volver a relacionarse con Él después de esa pérdida que representa la caída, el pecado original. Nadie nos puede enseñar mejor a ver y comprender que la Santa Iglesia, que fue instituida por el mismo Jesucristo en sus Apóstoles dándoles el sentido de sus parábolas con las que predicaba el reino de Dios.

Parábola de los obreros de la viña (Mt 20, 1-16)

El Adviento es un tiempo excepcional que nos señala que ya estamos en el camino de la salvación, que ya llega el Reino de Dios.

En efecto, el Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Habiéndose ajustado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Salió luego a la hora tercia y al ver a otros que estaban en la plaza de parados, les dijo: “Id también vosotros a mi viña y os daré lo que sea justo”. Y ellos fueron. Volvió a salir a la hora sexta y a la nona e hizo lo mismo. Todavía salió a eso de la hora undécima y, al encontrar a otros que estaban allí, les dice: “¿Por qué estáis aquí todo el día parados?” Dícenle: “Es que nadie nos ha contratado”. Díceles: “Id también vosotros a la viña”. Al atardecer, dice el dueño de la viña a su administrador: “Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros”. Vinieron, pues, los de la hora undécima y cobraron un denario cada uno. Al venir los primeros pensaron que cobrarían más, pero ellos también cobraron un denario cada uno. Y al cobrarlo murmuraban contra el propietario, diciendo: “Estos últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor.” Pero él contestó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti. ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O vas a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?” Así, los últimos serán los primeros y los primeros, últimos”.

Liturgia

Comentario

En la sensación que nos queda al leer esta parábola del Reino en el evangelio de Mateo es: Primero, “el dueño de la viña” da prueba de una bondad que sobrepasa la justicia real, tal y como la entendemos nosotros, pero sin quitar nada a su sentido propio. Nos recuerda a este otro párrafo: “Porque muchos son llamados, más pocos los escogidos”. Esta bondad es superior a lo que entendemos y nos remite a poner confianza en Él, en ese “dueño” de nuestra alma (viña).

Más adelante, una segunda observación, “el dueño de la viña” explica al obrero las razones de su acción: “¿No te ajustaste conmigo en un denario?”… esta explicación nos lleva a pensar cuál es “el ajuste”, la forma de nuestra relación con Dios. ¿Cómo es? ¿Cómo ajustamos el valor de nuestra vida? Esta pregunta de Dios es clave, porque el medio de recibir el valor de nuestras acciones es una relación más allá de nuestro trabajo, hay que “ajustar” un tiempo para Dios.

Tercera observación: habla de un encuentro entre el obrero y el dueño. Él mismo es quien dialoga con los obreros, no envía a su “administrador”, sólo cuando les va a pagar el jornal.

Esta parábola nos explica muchas cosas, porque cada uno de sus elementos es emblemático: cita las horas del día en que se divide el Tiempo Litúrgico, cuando paramos y nos dirigimos en alabanza, oración a Dios. En aquel tiempo los judíos también se dirigian a Dios en las horas señaladas y hacían su oración. En ese tiempo, Dios sale al encuentro del hombre y entabla una relación con él, le da un trabajo y el hombre se ajusta a un porcentaje correspondiente. Él nos ofrece trabajar la “viña” y, también, promete una paga por ese trabajo, sólo paga aquello con lo que nos ajustamos con Él. ¿Sabemos pedir a Dios? ¿Qué pedimos?

¿Nos ajustamos en lo propio, o bien nos abrimos a lo que es propio de Dios, a su infinitud?

la-liturgia-de-las-horas-5-638Muchas veces nuestro jornal queda en poco si lo comparamos con lo que recibe otro que ha trabajado menos pero, en cambio, él ajustó con Dios un valor equivalente, porque lo que el “dueño de la viña” ofrece es Su Sagrado Corazón. ¿Cuánto estamos dispuestos a pedirle? ¡Todo Su Corazón! ¡Que nadie se quede “parado” que no reciba su “jornal”! Porque el jornal que Dios nos paga es todo el Amor que nos ofrece a través de Su Hijo; nos hace hijos en Él. Pero muchos murmuran ya que, no valoraron su vida y la relación que se debían con Dios en el “tiempo (tiempos de oración) del hombre” y recibieron en cuanto aquello que no supieron conocer, porque no quisieron tratar con el “dueño de su vida” y pedir la santidad.

En la Guardia de Honor se ofrece ese “jornal”, de trabajo por la Vida, la Viña y; así mismo, crear la relación con el Dueño de nuestra vida para pedirle: ¡Señor, danos todo el jornal! ¡Danos la santidad a nuestras almas! Porque nos llamastes y acudimos; porque en cada momento te buscamos en la oración; porque nuestro trabajo ha dado fruto,.. No seamos como esos obreros que murmuraron de los demás, seamos nobles y aprendamos del trabajo de otros para llegar a lo máximo, a recibir la paga de la totalidad de nuestro tiempo, aunque hayamos llegado tarde. Él no nos va a reprochar el haber empezado a buscarle y a trabajar nuestra alma mas tarde que otros; sino que, vendrá a darnos lo que nos prometió. 

Hoy es tiempo de Adviento; acerquémonos a Él y vivamos llenos del Espíritu que nos ofrece en los sacramentos, en su Palabra. Abramos nuestro corazón a la gracia y pidamos que nos llene, que nos dé trabajo.

Felíz Adviento!