El corazón es el hombre profundo

¿Sabéis dónde se encuentra vuestro corazón? Entonces manteneos allí con atención, permaneced allí con firmeza; así vuestro intelecto estará en vuestro corazón. El intelecto es inseparable de la atención. Allí donde se encuentra uno, el otro se encuentra también. Que vuestra atención esté allí donde sentís ese fuego; permaneced allí, no solamente durante vuestra oración, sino en todo tiempo. No basta simplemente orar, es necesario que estéis plenamente consciente de estar frente a Dios, bajo su mirada que todo lo ve, que penetra en las profundidades secretas de vuestro corazón; y para permaneced así, esforzaos en despertad en vosotros cálidos sentimientos de temor de Dios, de amor, de esperanza, de devoción, de contrición. Allí se encuentra el principio fundamental del orden interior. Velad, y tan pronto como veáis ese orden un poco turbado, apresuráos a corregir ese estado.

El corazón es el hombre profundo, el espíritu. En él se encuentra la conciencia, la fe en Dios y de nuestra dependencia total respecto de Él, y todos los tesoros eternos de la vida espiritual.

¿Dónde está el corazón? Allá donde sentís tristeza, alegría, cólera, y las demás emociones. Permaneced allí con atención. El corazón físico es un músculo de carne; pero no es la carne quien siente, sino el alma. El corazón carnal no es más que un instrumento de esos sentimientos, como el cerebro lo es de la inteligencia. Permaneced en el corazón, creyendo firmemente que Dios también está allí, pero no preguntéis cómo es eso. Orad y estad seguros que en el tiempo señalado, el amor será despertado en vosotros por la gracia de Dios…. (“La Oración del corazón”, p. 162)

Anuncios